martes, 13 de enero de 2009

como una charla de café



Cuando leemos a alguien entramos en lo más profundo de su ser,

en su casa, en su habitación, en su vida, en su fortaleza, en su debilidad...

Cuando ese alguien nos abre la ventana para dejarnos ver lo que hace,

nos está regalando un espacio propio, tan suyo, tan privado,

que es probable que no comparta ni siquiera con sus mejores amigos,

o con su amada familia.

Porque una "obra", así sea humilde, precaria, sencilla...o por el contrario sublime

muestra siempre un sello único,

la huella de quien la creó

y en alguna parte de la obra, está plasmada su alma.

Por eso...leer a alguien,

contemplar el cuadro de un artista, presenciar una dramatización de una obra teatral,

nos hacen vivenciar de alguna manera la esencia de ella,

y podemos imaginarnos

casi como sentados compartiendo un café y una charla amigable con el autor.. ..

sólo que aquí, la relación es tan extraña,

que a diferencia de los amigos que dialogan en la mesa del café

y se cuentan confidencias,

tan solo con la lectura y la contemplación,

y sin necesidad de hacer preguntas

podemos ahondar muchísimas veces

en los secretos más recónditos de las personas...,

solo necesitamos estar abiertos para interpretar el mensaje ( si es que lo hubo)...

gozar con la obra

y estar abiertos a descubrir

un espacio aunque sea muy pequeño de su alma.

para comunicarnos interiormente con él.

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